Es quizás la obra más citada del cine, es quizás la obra más determinante en la construcción de los dramas trágicos de amor, tal vez por lo mismo se hace necesario detenerse a rescatar tres puestas en escena cinematográficas de la obra shakespeareana totalmente diferentes, tirando algunas líneas sobre las distintas formas de representación y significación a lo largo de este último siglo en el lenguaje cinematográfico.
En la primera versión de Romeo y Julieta en 1936, de George Cukor, encontramos un acercamiento y una cierta fidelidad a conceptos del teatro isabelino, tanto en la puesta en escena, desde la perspectiva de la actuación, la puesta de cámara (utilización constate de planos generales), los vestuarios, la iluminación, etc. Además los tiempos narrativos son pausados y contemplativos, a causa de la amplitud de los planos, el tiempo de contemplación que establece el montajista es mayor, ya que el ojo debe detenerse mayormente a analizar los elementos internos de los planos, además de los narrativos. Por otro lado siendo que la obra de Cukor es trágica, existe varios puntos jocosos, que le dan descansos a la obra. Cosa que en la tragedia Griega también se ocupa, son pequeños respiros al espectador, por ejemplo en la parte en que Romeo y sus familiares se preparan para ir a la fiesta de Julieta o la situación de las invitaciones a la fiesta donde un personaje está encargado a invitar a toda la ciudad de Verona, pero no a la familia Romeo, éste estúpidamente les entrega la información de la fiesta sin presión ni nada a los rivales. La obra consta con una cantidad de elementos, que están más relacionados con la puesta en escena teatral, que con el incipiente lenguaje cinematográfico de esos años, generando un obra estática, tosca y pomposa. En 1968 otro director se lanza en la tarea de transmutar la obra de Shakespeare, el italiano Franco Zeffirelli, éste distanciándose del teatro isabelino, plantea una obra más de época y oscura. Donde el lenguaje, obviamente cinematográfico está más avanzado, desde la composición de los planos, la escala de estos, ocupando planos más cerrados, más variados, con más angulación y búsqueda de la profundidad de campo. Una utilización de la luz que establecerá zonas oscuras y de penumbra en la pantalla, o sea más contrastes. Tonos cálidos, por causa de la luz de antorchas y velas. Una historia que está en contacto con el resto de la sociedad, sobre todo en la secuencia de la pelea de ambas familias, donde vemos como irrumpen en medio de un mercado, luego de esto ambas familias serán sentenciadas por el rey a no tener más riñas callejeras. Y el director optando por una idea más premonitoria en los parlamentos y en la situaciones provocará que el final de la película no es tan casual, sino que se viene marcando desde el comienzo. Se olvida un poco las partes jocosas y se carga de todo un ambiente de tragedia que desborda la obra, no es casualidad que el director haya tomado esta opción, en Italia ya se había desarrollado el neo realismo, por lo que la vieja escuela del cine clásico había sido muy cuestionada y desbaratada, así la puesta en escena recoge la idea de cotidianidad, la que se establece en la ficción de un mundo más verídico, más cercano a la época donde se habría desarrollado el conflicto de los Montesco con los Capuletos.
Por último en la versión más contemporánea del director Buz Luhram, de 1996, tenemos una propuesta ecléctica, y no en el sentido de estar en el medio de dos extremos, sino el adoptar muchas corrientes y referentes, mezclándolo en búsqueda de un sentido nuevo. Lo que hace que sea una obra ambigua, tomando su propuesta visual muy contemporánea, con muchos referentes del pop art (Andy Warhol), de la música y estética electrónica (donde ambas familias de Verona se divierten al ritmo del drum and base y el éxtasis), por otro lado hablan con los diálogos Shakespeareanos y ven la vida con el romanticismo de las obras de Chopin. Esto hace que nos encontremos frente una expresión avanzada del kich de la década de los noventa, que se corona ubicando el conflicto en Ia Italia de fines del siglo XX. Tiene un ritmo cinematográfico marcado por las constantes aceleraciones de la imagen, sobre todo en la parte de la fiesta, donde el montaje de la secuencia, desde la perspectiva de la teoría del montaje de Eisenstein, sería un montaje rítmico. Con construcciones de personajes histéricos y postmodernos, donde se mezcla la tradición con el vertiginoso consumo de éxtasis y las grandes mansiones. Con una estética estilizada, no por lo elegante o fina, sino por la cuidadosa confección de la propuesta, los colores más bien eléctricos dominan la pantalla y las composiciones se recargan de significantes etéreos, cruces velas, amuletos, etc. También en las peleas y enfrentamientos podemos encontrar referentes del cine Western y en las películas de pandillas norteamericanas, con coreografías cuidadosamente armadas y presentadas. Es un sueño trágico de amor disuelto en éxtasis y al rítmo del drum and base.
Estas tres obras tienen un factor en común, Romeo se distancia de la visión del macho corpulento y arrollador, más bien es delicado, sensible, noble y romántico, el cual es capaz de darlo todo por su amada, su construcción de personaje se basa en un concepto femenino de lo masculino. Finalmente el tratamiento de Julieta es muy diferente, la de Cukor es un señorita ingenua y que tiene muy buenas relaciones familiares, con una edad similar a Romeo. En la ecléctica es también contemporánea a Romeo y tiene fuertes conflictos con su madre, la cual es una histérica compulsiva, que la presiona y arrolla. En la de Zefhirelli es notablemente menor que Romeo, se podría decir que es una niña que está en la primera adolescencia (opción que el propio Shakespeare habría determinado en su obra), la madre es un apoyo y ella está empezando a conocer el mundo, en la compañía de Romeo.
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