La gente pasa frente a su cuerpo y ella los mira muda. Se detienen, a veces le dan la espalda, en otras ocasiones la ven por unos segundos o más. Se ríen, la desean, la envidian, los ojos ajenos la acarician, otros solo mecen sus rostros. Intentan tocarla, no lo hacen, quizás porque los miran, todos miran, mientras ella los observa en silencio, estática. Solo haciendo su trabajo. Postrada en esa sonrisa eterna espera que se marchen en el próximo tren,en cualquiera de los vagones, lo mismo da. Ella distanciada por el cristal se siente segura y solo se preocupa de no descomponer el cartel publicitario que la contiene.
viernes, febrero 24, 2006
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