sábado, febrero 25, 2006

micro cuento 3

Persiguió por la noche, consiguió decírselo y luego de todo ello, no supo si respirar o parpadear. Se miró el ombligo y en él muchas pelusas, tantas que sus dedos se enredaban al sacarlas. El sudor de abajo hacia arriba. Cuando decidió respirar, sus ojos vidriados no volvieron a verla, estaba lejos, en sus dedos pelusas, ella tan lejos como pudo. Sus ojos vidriados no la veían.

No hay comentarios.: