Todos siempre supieron que estaba ahí, también, que me costaba respirar y no corría. Todos lo sabían y nadie hizo algo. A las tercera mañana, ya no habría los párpados, el espacio era muy pequeño, respiraba cada un minuto y después cada una hora, al final del ese día ya había agotado mi último respiro. La segunda mañana no entendía porqué a mí me pasaba eso y mi piel empezaba a sangrar por la fuerza que ejercía, terminé encostrado. La primera mañana estaba convencido que iba a reirme cuando lo recordará pasado unos años, de vez en cuando me lograba reir. Antes de todo, no sospechaba que algo así pudiese ocurrir. Ahora tan solo hablo por que las palabras me lo permiten.
miércoles, octubre 11, 2006
domingo, octubre 08, 2006
Trazo 3
Ella está sentada en su oficina, su oficina está en muchos lugares, tantos que no puede concentrarse en su escritorio, en el porta lápices y el teléfono que están sobre él, tan desconcentrada se encuentra que en su cara se configura todos los gestos posibles mientras el porta lápices y el teléfono se vienen sobre ella, sin dejar de estar sobre la mesa, en su posición. Ella se desploma sobre el escritorio y éste se detiene sobre la corniza de un edificio, el viento sopla suavemente, el teléfono se cae al suelo. Nadie sonríe más con su desconcentración.
jueves, octubre 05, 2006
Fragmentos 11
1 Ya no caen gotas sobre mi maseta craneal, se ha terminado el suplicio, he muerto.
2 La sangre corría por su entrepierna, creyó que todo iba a terminar ahí. Iluso.
3 El vidrio se acomulaba bajo sus uñas, su cuerpo olía a mierda, carne quemada, parecía un cuadro de Bacon, pero era más que eso.
4 El asunto es saber lo que descompone al cuerpo y luego no dejar de hacerlo. Para ella eran las cosquillas, sentía que su corazón se detenía. No paré de hacerla reir con mis manos.
2 La sangre corría por su entrepierna, creyó que todo iba a terminar ahí. Iluso.
3 El vidrio se acomulaba bajo sus uñas, su cuerpo olía a mierda, carne quemada, parecía un cuadro de Bacon, pero era más que eso.
4 El asunto es saber lo que descompone al cuerpo y luego no dejar de hacerlo. Para ella eran las cosquillas, sentía que su corazón se detenía. No paré de hacerla reir con mis manos.
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