viernes, febrero 24, 2006

Sin Título Nº 1 (cuento)

Nadie puede decirnos que encontrar en la calle algo, es solo azar... pero tampoco nadie puede decirnos que es parte del destino, la época de los griegos pasó hace mucho tiempo para andar pensando en oráculos, aunque a veces sería cómodo tenerlos... Vicente caminaba en uno de esos días que el oráculo no podía pronosticar, de esos en que la caída de las hojas de otoño se escuchan y el viento las acompaña, debajo de sus pies un camino de piedrecillas, frente a sus ojos un parque, detrás de él una senda...
En su andar se notaba cierta dicotomía entre la ausencia de sentido y la premura que le provocaba el frío capitalino, en sus pies sus zapatos contenían rastros de barro, lo que le recordaba que venía de algún otro lugar... no dejaba de verse los pies y recordó una película mexicana donde un personaje se le veían solo los pies desde los ojos del personaje mientras cruzaban el desierto de sonora, en ese momento recordó un libro de un chileno que vivió en México y murió en España, producto de una cirrosis hepática, miró hacia el frente y las hojas sonaban y el viento acompañaba.... sin más remedio que seguir la senda que otros habían trazado por él, siguió su andar, en el suelo que a esta altura se había convertido en su obsesión, luces de colores fueron antecediendo su andar, eran rojas, verdes, amarillas, rosadas, púrpuras, violetas, celeste y azules, como el terciopelo de otras película que se le vino a la cabeza...
En eso una voz desde atrás, interrumpió el caminar de Vicente, nubló su vista, no hubo más colores frente a él, se vio obligado a girar la cabeza hacia la senda recorrida y volver a escuchar a la vos que le decía... "ya me escribiste eso", la dejó de sonreír, mientras la observaba, dejo de extender ese gesto en su cara provocado por aquellos colores que lo acompañaron un rato antes. Vicente miraba a la voz, ésta detrás de los árboles del parque, se alejaba corriendo detrás de un alguien, irreconocible para Vicente en ese momento o en cualquier momento lo más probable, éste giró su cabeza para volver a mirar al piso, sus pies detenido en él, en sus zapatos ya no había barro, no recordaba de donde había venido, se quedó detenido, un grupo de personas pasaron a su lado corriendo, trotando y sudando, sus jadeos acallaron a las hojas y el viento dejó de acompañar, Vicente se quedó parado ahí viéndolos correr, sin barro en sus pies ni saber donde ir.

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