sábado, febrero 25, 2006

Sonreías (cuento)


Y si te dijera que soñé y fue contigo en la cornisa de un gran edificio. No vestías tú color característico, ni en tus ojos se veía esa ausencia cómplice, sonreías como nunca te había visto hacerlo y tu pelo estaba tomado, el viento intentaba desordenarlo, no lo lograba. Te miraba y no lograba entender porque estabas ahí parada frente a la cornisa sin decir nada. Te comenté algo del color de tu ropa, giraste tu cabeza y tus ojos se fundieron en los míos violentamente, como remeciéndolos. No podía resistirlo y miré hacia abajo, la calle con sus pequeñas personitas y vidas, se venían hacia mí, casi podía tocarles sus cabecitas. Con tu brazo extendido frente a mi pecho detenías mi cuerpo. Seguías sonriente. Qué hacías tu ahí, qué hacía yo ahí. Luego que soltaste tu cuerpo y vertiginosamente te dirigiste donde esas pequeñas personas, comprendí que no debía verte caer. Si te contara que no caíste y empezaste a volar, que quise seguirte pero después de guiñarme un ojo entendí que no podía hacerlo. Y te vi volar por un rato, girabas, besabas al viento, acariciabas su gotas de tiempo, hasta que tu cuerpo toco tierra y la sangre se hizo de la acera y las pequeñas personitas gritaron al verte entre ellas. Si te dijera que parada a mi lado tu olor se sentía diferente, que había soñado contigo volando, que tu sonrisa extensa y tus ojos presentes nunca los había visto de esa forma, tal vez solo responderías que la del sueño no eras tú, aunque yo te haya visto sonreír.

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