lunes, febrero 27, 2006

Triquinosis Nº 3

Tengo 22 años y soy impotente, impotente frente a la vida, frente a lo que pasa a mi alrededor, no logro entender que más allá sólo lo determinamos nosotros y que el más acá no es una condena, sino una vida mal hecha, mal pensada. Soy impotente al hablar y al sentir, tan así que descubrirlo no es más que una evidencia porque frente a eso también lo soy. Tengo 22 años y no puedo decir otra cosa, estoy cooptado, atrapado y no me río de ello, como debería hacerlo. Soy impotente frente a la caída de las hojas, a las malditas sonrisas, al caminar en fila para subir o bajar una escalera, tomar el número en una tienda y comprar medicamentos, al simulacro que concierne sólo a mi país, a ese único y gran simulacro, a ese que no es mi país pero da igual y peor que todo esto y peor que muchas otras cosas que no he dicho, soy impotente frente a ella, a esa única que me dio la chance, esa sonrisa desaturada y esa piel sudorosa. Mas lo único que quedó después de nuestro encuentro fue mi impotencia impregnada en mis sábanas y en su recuerdo, también en el mío. Esa impotencia que puede ser provocada por muchas cosas, pero que a mis 22 años lo único que me lo explica es mi exceso de consumo de café y mi obstinada idea de fumar también en exceso, pero así y todo no lo comprendo, ¿por qué?, ¿por qué antes si y ahora no? ¿por qué me tengo que encontrar frente a estas letras? Porque soy impotente y nada más, qué sentido tiene la vida si la impotencia te gobierna, te controla, te determina. Sigo oliéndola en mis sábanas, es mejor levantarse y partir, salir de aquí aunque ella se quede acostada, durmiendo, pensando en otra cosa. Ponerme los pantalones y mirarla desde lejos, pidiendo perdón, qué más le puedo pedir y finalmente salir. Dejarlo todo atrás y quedarme solamente con mi impotencia, únicamente yo y ella, en una mancomunada unión de intenciones y tensiones. Tomar el pasillo del edificio como cada mañana, pero esta vez no voy al trabajo ni a discutir si me debo suicidar o convertirme al Islam, cosa que se me pasó más de una vez por la cabeza al saber algo de mi historia, de esa que inevitablemente me susurra cuando duermo. Bajar por las escaleras caracoleadas, retumbar mis huesos y saludar a nadie más que la impotencia que me lleva de la mano. ¿Será el café o el cigarro, serán ambos?. Maldito sea Dios y todos sus malditos profetas, qué saben ellos, qué sé yo de ellos, nada porque no existieron, otro simulacro más, como la ilusa idea de quienes van en esos autos son felices, quienes transitan por estas calles pueden sonreír cuando quieran. Si cruzo es porque la personita verde lo permite, no por otra cosa, pero dejará pasar primero a mi impotencia, porque ella tiene vida y yo no, me la quitó, me la usurpó cuando mis muslos rozaban las sábanas y mis deseos se perdían en la languidez. ¿Por qué no me saludan?, ¿será porque vengo todos los días y no dejo propina o por la impotencia que está sentada frente a mí? Tengo 22 años y pido un café, enciendo un cigarro y miro hacia el edificio, para arriba donde está mi ventana y sé que dentro está ella, durmiendo y pensando en otra cosa.

sábado, febrero 25, 2006

Animalidad (cuento)

Tus zapatillas sobre la cama, no comprendes mi mirada ni mis gestos, me sientes desde lejos, ausente. Salgo de la pieza, no haces nada, camino por el corredor hasta el living, en él tomo mi chaqueta, mi bolso, una caja de cigarrillos y una de cerillos. Antes de cerrar la puerta ya he prendido un cigarro, camino por el corredor, una señora que entra a su apartamento me señala un cartel donde comunican la prohibición de fumar en aquel espacio. En plena calle un perro sigue mi andar, deseo husmearle el culo, pero tal vez esa niña que está caminando con su madre, le parecería extraño. El perro se detiene frente a ellas, les ladra, de su boca una baba extraña las escupe, la niña se asusta y la madre me dice que controle a mi perro, le sonrío, continuamos nuestra marcha. Entro en un bar, me echan ya que no dejan entrar animales, entiendo el mensaje. Me siento en un asiento en una plaza, el perro ya no está, unas infecciosas palomas carroñeras de pan, se agolpan alrededor de un señor, a lo lejos y avanzando suena un agudo chirrido, levanto mi mirada, una máquina infernal de músculos y plumas se abalanza sobre el grupo de palomas, con sus garras toma a una por la espalda y continúa su viaje hacia las alturas, el peuco se pierde entre los brazos del sol. Charlo con un amigo mientras viajo en el metro, éste se detiene violentamente, se nos avisa por alto parlantes que existe un pequeño desperfecto, que será necesario bajarnos y caminar hasta la próxima estación, salimos del vagón, en el túnel brillan pequeños ojos acusa de las linternas de los guardias, chillidos agudos, corridas masivas de pequeños pies, giro mi mirada hacia una bifurcación sin salida, un cúmulo de ojos brillantes luchando unos con otros, chillando. Sobre un puente observo el agua correr, suena mi celular, contesto, me pides que vaya a tu apartamento, está atardeciendo, te digo que me quiero comer tu corazón, te ríes. Miro mis pies, a un lado de ellos, un gato se lame una de sus manos, en ella rastros de plumas, en su boca rastros de sangre, te aseguro que te voy a comer el corazón, el gato me mira, sonríe y se va ágilmente, veo el cielo ensangrentado de nuestra ciudad y escucho tu voz deseando que llegue hasta tu corazón sin tocar el timbre.

La bestía (cuento)

Detrás de la caída de las hojas de fuego, un hombre encontró entre unas piedras con ojos amarillos la bestia, recordó que alguna vez leyó de una que habitaba en una casa y no dejaba en paz, o quizás no, a su dueño, de alguna forma el dueño de casa la necesitaba. Esta bestia era más pequeña de lo que se hubiese imaginado en un situación así, también era menos peluda, con un color más claro y con los ojos bañados en ternura. Tomó a la bestia en brazos, asemejando al movimiento que la mayoría de los seres humanos hacen al tomar sus bebes para verles la cara, la bestia no puso ninguna resistencia, se dejó tomar fácilmente y cerró sus ojos al enfrentar los ojos del hombre. Los árboles agitaban su fuego al ritmo del viento vacilante, el hombre se fijó en ello y se desprendió delicadamente de la bestia, la que al sentirse en el suelo, movió su cuerpo desprendiéndose de algo inexistente, luego comenzó a lamerse delicadamente el torso, mostrando su delicada lengua al hombre de tez blanca y ojos oscuros, que no despegaba los ojos de las gotas de viento que se fundían en los retoños de fuego.
La tierra caminaba alrededor de ambos seres, como ensimismada, desprendiendo pequeños borbotones de angustia cada tanto, provocando que las piedras de ojos amarillos se retorcieran y rieran amablemente. El hombre con sus blancos y delgados brazos quiso volver a tomar a la pequeña bestia, y llevársela a su hogar, pero antes de tocar su cristalino pelaje recordó que era una pequeña bestia, más allá de su belleza, bestia al fin, sacudió lentamente la cabeza y la bestia agradeció el gesto presionando ésta sobre la mano blanca del hombre. Éste continúo su milenaria marcha y la bestia volvió a verlo mientras se alejaba, acompañando la angustia de la tierra y tratando de no molestar a las piedras de ojos amarillos, el hombre volvió a ver el sendero que ya había cruzado para ver a la belleza personificada en bestia, pero ya estaba muy lejos, no podía distinguirla de la caída de las hojas de fuego.

De madrugada (cuento)

Despreciable es el frío que golpea de madrugada, es despreciable el respirar ensoñado de ella a mi lado, es angustioso saber que la tengo que besar cuando despierte, preguntarle si quiere tomar desayuno, salir de la cama, tropezarme con mis zapatos, cuadernos, libros, ropa, papeles, cables, dvds, mientras camino hacia la cocina, cruzar los estragos de la noche anterior de mi pequeño living.
Sentir el piso frío de la cocina, encender el quemador, poner la tetera sobre éste, quedarme apoyado en el mueble, con los brazos cruzados para protegerme del frío, viendo transitar a la pequeña gente por la ventana, yendo a sus trabajos, a su obligaciones, a sus placeres. Y no entenderlos. Ver a los edificios de enfrente y considerar que el mío es muy bajo. Tomar un último cigarrillo de la cajetilla que habita extrañamente en el mesón de la cocina, encenderlo, toser, botar una bocanada, revisar el refrigerador carente, sacar un resto de queso y meterlo en la boca, con el cigarro entre los dedos amarillentos de mi mano izquierda. La tetera suena, ella aparece en la puerta y se queda mirándome, sonriente, brillante, bella. No dice nada, solo habita con sus calzones y la pequeña sudadera ceñida, esa que se desprendió tan fácilmente ayer y me dejó contemplar su pechos. Servir dos cafés, ofrecerle uno, observarnos.

Hace frío, no quiero levantarme, no quiero que se despierte, no quiero tocarla, ni rozarla, no me quiero perder en su cuerpo, en su inteligencia, en su belleza, no quiero amarla, no quiero perderme nuevamente. ¿Qué hacer? ¿volver dormir? ¿despertarla? ¿decirle que se vaya? ¿besarla? ¿colocarme sobre ella y con mi almohada no dejarla respirar? ¿qué hacer?.

Tres Romeos y 3 Julietas (cinema)

Es quizás la obra más citada del cine, es quizás la obra más determinante en la construcción de los dramas trágicos de amor, tal vez por lo mismo se hace necesario detenerse a rescatar tres puestas en escena cinematográficas de la obra shakespeareana totalmente diferentes, tirando algunas líneas sobre las distintas formas de representación y significación a lo largo de este último siglo en el lenguaje cinematográfico.

En la primera versión de Romeo y Julieta en 1936, de George Cukor, encontramos un acercamiento y una cierta fidelidad a conceptos del teatro isabelino, tanto en la puesta en escena, desde la perspectiva de la actuación, la puesta de cámara (utilización constate de planos generales), los vestuarios, la iluminación, etc. Además los tiempos narrativos son pausados y contemplativos, a causa de la amplitud de los planos, el tiempo de contemplación que establece el montajista es mayor, ya que el ojo debe detenerse mayormente a analizar los elementos internos de los planos, además de los narrativos. Por otro lado siendo que la obra de Cukor es trágica, existe varios puntos jocosos, que le dan descansos a la obra. Cosa que en la tragedia Griega también se ocupa, son pequeños respiros al espectador, por ejemplo en la parte en que Romeo y sus familiares se preparan para ir a la fiesta de Julieta o la situación de las invitaciones a la fiesta donde un personaje está encargado a invitar a toda la ciudad de Verona, pero no a la familia Romeo, éste estúpidamente les entrega la información de la fiesta sin presión ni nada a los rivales. La obra consta con una cantidad de elementos, que están más relacionados con la puesta en escena teatral, que con el incipiente lenguaje cinematográfico de esos años, generando un obra estática, tosca y pomposa. En 1968 otro director se lanza en la tarea de transmutar la obra de Shakespeare, el italiano Franco Zeffirelli, éste distanciándose del teatro isabelino, plantea una obra más de época y oscura. Donde el lenguaje, obviamente cinematográfico está más avanzado, desde la composición de los planos, la escala de estos, ocupando planos más cerrados, más variados, con más angulación y búsqueda de la profundidad de campo. Una utilización de la luz que establecerá zonas oscuras y de penumbra en la pantalla, o sea más contrastes. Tonos cálidos, por causa de la luz de antorchas y velas. Una historia que está en contacto con el resto de la sociedad, sobre todo en la secuencia de la pelea de ambas familias, donde vemos como irrumpen en medio de un mercado, luego de esto ambas familias serán sentenciadas por el rey a no tener más riñas callejeras. Y el director optando por una idea más premonitoria en los parlamentos y en la situaciones provocará que el final de la película no es tan casual, sino que se viene marcando desde el comienzo. Se olvida un poco las partes jocosas y se carga de todo un ambiente de tragedia que desborda la obra, no es casualidad que el director haya tomado esta opción, en Italia ya se había desarrollado el neo realismo, por lo que la vieja escuela del cine clásico había sido muy cuestionada y desbaratada, así la puesta en escena recoge la idea de cotidianidad, la que se establece en la ficción de un mundo más verídico, más cercano a la época donde se habría desarrollado el conflicto de los Montesco con los Capuletos.

Por último en la versión más contemporánea del director Buz Luhram, de 1996, tenemos una propuesta ecléctica, y no en el sentido de estar en el medio de dos extremos, sino el adoptar muchas corrientes y referentes, mezclándolo en búsqueda de un sentido nuevo. Lo que hace que sea una obra ambigua, tomando su propuesta visual muy contemporánea, con muchos referentes del pop art (Andy Warhol), de la música y estética electrónica (donde ambas familias de Verona se divierten al ritmo del drum and base y el éxtasis), por otro lado hablan con los diálogos Shakespeareanos y ven la vida con el romanticismo de las obras de Chopin. Esto hace que nos encontremos frente una expresión avanzada del kich de la década de los noventa, que se corona ubicando el conflicto en Ia Italia de fines del siglo XX. Tiene un ritmo cinematográfico marcado por las constantes aceleraciones de la imagen, sobre todo en la parte de la fiesta, donde el montaje de la secuencia, desde la perspectiva de la teoría del montaje de Eisenstein, sería un montaje rítmico. Con construcciones de personajes histéricos y postmodernos, donde se mezcla la tradición con el vertiginoso consumo de éxtasis y las grandes mansiones. Con una estética estilizada, no por lo elegante o fina, sino por la cuidadosa confección de la propuesta, los colores más bien eléctricos dominan la pantalla y las composiciones se recargan de significantes etéreos, cruces velas, amuletos, etc. También en las peleas y enfrentamientos podemos encontrar referentes del cine Western y en las películas de pandillas norteamericanas, con coreografías cuidadosamente armadas y presentadas. Es un sueño trágico de amor disuelto en éxtasis y al rítmo del drum and base.

Estas tres obras tienen un factor en común, Romeo se distancia de la visión del macho corpulento y arrollador, más bien es delicado, sensible, noble y romántico, el cual es capaz de darlo todo por su amada, su construcción de personaje se basa en un concepto femenino de lo masculino. Finalmente el tratamiento de Julieta es muy diferente, la de Cukor es un señorita ingenua y que tiene muy buenas relaciones familiares, con una edad similar a Romeo. En la ecléctica es también contemporánea a Romeo y tiene fuertes conflictos con su madre, la cual es una histérica compulsiva, que la presiona y arrolla. En la de Zefhirelli es notablemente menor que Romeo, se podría decir que es una niña que está en la primera adolescencia (opción que el propio Shakespeare habría determinado en su obra), la madre es un apoyo y ella está empezando a conocer el mundo, en la compañía de Romeo.

Sobre un Gigante (cuento)

Sentado en los hombros de un hombre que difícilmente voy a poder identificar algún día y del que tampoco quiero saber su identidad, estaba envuelto en la noche. Según después sabré quedaban pocos días de aquello que llamaban dictadura, gobierno militar, régimen militar, masacre del pueblo. Debo haberle pesado algo a aquel hombre, las luces de la calle estaban apagadas, tan solo frente a nuestros ojos existía una gran llamarada que iluminaba los rostros. A los años entendí que estaba frente a una barricada. A mi lado una señora con una olla, la agitaba fuertemente, deseosamente, emitiendo un agudo sonido que se unía a muchos otros agudos sonidos provocados por muchas otras ollas, eran sus grandes arma creí comprender después. Es difícil seguir el relato, era pequeño, tan solo había nacido el 83’, quizás por eso estaba sentado sobre los hombros de ese hombre, que no era mi padre, ni mi hermano mayor, ni algún pariente. Era un gigante que me permitía ver todo desde un ángulo que nunca había podido ver. Escuchaba gritos, muchas conversaciones, alguno que otro comentario al aire. Pero yo veía esa gran llamarada, no sabría asegurar donde estaba mi madre, tampoco mis hermanos, tan solo sabría aseverar que no estaba mi padre, el cual se había ido de la casa unos cuantos años antes, cuando tenía tres años, donde la memoria no me permite llegar. Y ahí estaba yo y las llamas crecían, se batían frente a todos, algunas caras con sonrisas que les costaba mantenerse en el tiempo. Todo parecía normal, común, las velas derritiéndose en las manos de algunos, otros pasando papeles que antes estaban prohibidos y ahora volvían a salir. Muchos metros detrás de las llamas estaba un grupo de hombrecitos con cascos, uniformes, lumas, armas, escudos, aquellos a los que mi familia temía, que yo aún les temo, nos miraban a lo lejos preparados para actuar. Pero me sentía seguro, estaba sobre un gigante y tenía una cortina de fuego.

micro cuento 3

Persiguió por la noche, consiguió decírselo y luego de todo ello, no supo si respirar o parpadear. Se miró el ombligo y en él muchas pelusas, tantas que sus dedos se enredaban al sacarlas. El sudor de abajo hacia arriba. Cuando decidió respirar, sus ojos vidriados no volvieron a verla, estaba lejos, en sus dedos pelusas, ella tan lejos como pudo. Sus ojos vidriados no la veían.

micro cuento 2

Se vieron las caras y no pudieron aguantar la tentación, aunque habían pasado años, aunque ya eran personas distintas, que casi no pudieron reconocerse, todo fue más allá de ellos, había sido acumulado por años y al verse explotó, desencadenando una serie de acciones de carga eléctrica, de tensión de músculos, gritos y baba. El preguntarse quien fue el primero que alzó la mano en busca del rostro del otro, no pasa de ser una anécdota, ambos lo deseaban profundamente. Azotar sus cuerpos hasta que la cara del otro se destrozara, sangre, sangre y más sangre.

ahí estoy... (triquinosis)

Rodeado, recargado de mareantes olores y dudosos procedimientos corporeos, me deslizo por la panorámica conversación de tres juveniles asistentes a la reunión, yo no había sido invitado, pero el sólo hecho de vivir en el hogar, me hizo parte de tal encuentro de personas divagantes y generacionalmente pares. La sala está oscura y en silencio, exceptuando la conversación del trío, se ha acabado la fiesta y cada cuerpo buscó el lugar donde dormir y descansar... en teoría. Los organismo siguen funcionando, procesando las sustancias consumidas, la información entregada y los sentimientos retenidos. Escucharlos es placentero, nos separa una distancia irreparablemente gigante, tensando el conflicto generación, sin que haya ningún acto o acción que provoque algún choque, violencia, menos violencia, debería haberla. Están sumidos a una especie de autoridad, sentada frente a un computador escuchando música y escribiendo, sin saber ni entender que hay detrás de todo esto, detrás de la nada... Es poder en su máxima expresión, de ese que se esconde y no se deja ver. Me levanto del asiento y los observo desde la altura que me permite estar de pie, uno me sonríe y los otros siguen hablando de sectores de un balneario costero, en el cual podría hacer una fogata en un viaje futuro, en un viaje imaginario, están allá haciendo su fogata, disfrutando del aire marino y temiendo la posibilidad de que llegue la fuerza policíaca, arruinando la velada. Camino en dirección al baño, ellos hablan tomando arena entre sus manos. Prendo la luz, me enfrento al espejo y todo está dicho ahí, en un reflejo condicionado, en una ilusión más real que yo, más certera que mi carne, ahí estoy apresado, atemporal.

micro cuento 1

Tal cual pensamos cuando sentimos, es raro, y esto también lo fue, me caí en medio de la calle y nadie se río, sólo una mano tomó la mía y ayudó para que me pusiese en píe, luego de eso la observe a los ojos y no pude hacer otra cosa que enamorarme, la historia estaba resuelta.

Cuento Nº 3

Alevoso y perturbado, el joven se retira de la cama, atisba a la chica a los pies de ésta, ella tapada sólo con el sudor provocado minutos antes, no lo observa, éste le habla en tono severo y le dice: si dejaras de sonreír te mataría, la chica algo confusa vuelve a verlo, éste con una sonrisa opacada por las palabras antes dichas, se toca el hombro izquierdo con la mano derecha. Éste va hacia la ventana que habita en el lado izquierdo de la pieza. La chica vuelve a descansar su cabeza en las sabanas húmedas. Él abre las cortinas, un fuerte sol penetra en los ojos del chico, en el exterior diminutas gotas de fuego y ranas van desde la tierra al cielo. La chica susurra en su lecho: hoy es un excelente día para volver a matar a dios. Él con su cuerpo desnudo y sudoroso, no alcanza a escucharla, pero sonríe al ver pasar las ranas frente a su ventana.

Cuento Nº 2

Monacal, presunción de hechos no atesorados ni menos advertidos, sólo el gesto de un trazo mesurado, pudoroso y, de alguna forma tal vez caprichosa, timorato. En resumidas cuenta una más en el pasaje, una más en la vereda de los que no pueden acercarse, ni a kilómetros de distancia, a la grácil sonrisa sin razón, a la visión liviana, a los brazos libres. Tras ese segundo de duda, vacilación, interrogación, deje a ese único espécimen, espécimen que resumen mis grandes problemas con la mayoría de las mujeres de esta ciudad, que detrás de una supuesta liberación e igualdad aún se le ve el habito de la teresiana más compungida por los pecados cometidos y los que se cometerán. Lleva su cartera a cuesta y un híbrido traje de seudo empresario o tal vez oficinista, a esta altura poco me importa las consideraciones que puedan hacer apropósito de un machismo solapado por bellas palabras, hace un tiempo que asumí que todo lo que diga puede ser ocupado en mi contra, ni basta que lo diga, sólo que emerja una vez en mi cerebro, aunque sea un tímido resplandor. Liberado de la duda decidí por undécima vez que era hora de marcharse, de irse tan lejos como sea debido, tan distante a nuestras pequeña ciudad, con menores especimenes en su seno, que ni el rastro pueda encontrar si es que esa incertidumbre se le ocurre volver a amenazar mis decisiones. Bote el cigarro a la vereda, lo pague con mi pie y me dispuse a caminar, debajo de mi traje híbrido entre seudo empresario y oficinista, se hace notar un habito, esos que no te dejan caminar y que en resumidas cuentas no permiten que tus decisiones logres encaminarlas, sonrío, cruzo mis brazos en mi pecho y me siento una más de todas ellas, con las piernas tan cerradas como es posible para que ninguna serpiente ose llegar a ella.

Cuerpos en la oscuridad (cuento)

Cuerpos sudorosos sobre una estructura, revolcándose, retrayéndose, sin poder mirarse, sólo percibiendo las respiraciones del otro. Oscuridad. Todo en vuelto en un halo de humedad corporal, tensión muscular, sequedad bucal, respiraciones agitadas, uno que otro gemido, uno que otro alarido, sus genitales eléctricos. Entre ellos, personas que caminan de un lado a otro, con sus caras rígidas o sonrientes. Ellos atados y vendados a una estructural metálica. Electro shock. Los caminantes buscan información, tal vez solo temor. Yagas sonrientes de sangre, sangre que coagula en el suelo, sólo escuchan la respiración del otro, sus gemidos sufrientes, esperando que todo acabe.

Sonreías (cuento)


Y si te dijera que soñé y fue contigo en la cornisa de un gran edificio. No vestías tú color característico, ni en tus ojos se veía esa ausencia cómplice, sonreías como nunca te había visto hacerlo y tu pelo estaba tomado, el viento intentaba desordenarlo, no lo lograba. Te miraba y no lograba entender porque estabas ahí parada frente a la cornisa sin decir nada. Te comenté algo del color de tu ropa, giraste tu cabeza y tus ojos se fundieron en los míos violentamente, como remeciéndolos. No podía resistirlo y miré hacia abajo, la calle con sus pequeñas personitas y vidas, se venían hacia mí, casi podía tocarles sus cabecitas. Con tu brazo extendido frente a mi pecho detenías mi cuerpo. Seguías sonriente. Qué hacías tu ahí, qué hacía yo ahí. Luego que soltaste tu cuerpo y vertiginosamente te dirigiste donde esas pequeñas personas, comprendí que no debía verte caer. Si te contara que no caíste y empezaste a volar, que quise seguirte pero después de guiñarme un ojo entendí que no podía hacerlo. Y te vi volar por un rato, girabas, besabas al viento, acariciabas su gotas de tiempo, hasta que tu cuerpo toco tierra y la sangre se hizo de la acera y las pequeñas personitas gritaron al verte entre ellas. Si te dijera que parada a mi lado tu olor se sentía diferente, que había soñado contigo volando, que tu sonrisa extensa y tus ojos presentes nunca los había visto de esa forma, tal vez solo responderías que la del sueño no eras tú, aunque yo te haya visto sonreír.

Julio Medem... difusos límites de lo cotidiano (cinema)

Por la necesidad de encontrar las nuevas formas narrativas y expresivas en el cine de habla castellana, se hace impresindible empezar abordar una serie de autores que en estos momentos están dando vuelta tanto en festivales cinematográficos, salas de cine como en la televisión. Es por esto que he querido hablar sobre el director (autor) español Julio Medem, que ha hecho películas como Vacas, Tierra, La Ardilla Roja, Los Amantes del Círculo Polar y Lucia y el Sexo, advierto que estas dos últimas serán nuestros referentes para la siguientes conjeturas. Debo reconocer que no tengo muy claro como entrar en la obra del director, no obstante hay algo que lo caracteriza más allá de que en los créditos finales salga su nombre en todas su películas. Que es el tratamiento y construcción de las historias, es cierto que muchos dicen que hay que olvidarse de las historias ya que ya se han contado muchas y ser original es imposible y lo que importa son las estructuras formales, tanto como el montaje, la puesta en escena, la fotografía, etc. No obstante me parece que la construcción de una historia y como es formulada también pueden ser de un goce estético, sensorial, emotivo e intelectual invaluable. Es la forma en como Medem trabaja las circunstancias de sus historias la que me hace reconocerlo una y otra vez cuando veo sus obras.

En Los Amantes del Círculo Polar, encontramos como la vida de dos niños se va uniendo constantemente mientras crecen, desde el momento en que el niño lanza avioncitos de papel al patio de su colegio y que la madre de la niña lo recoge y lo que desencadenará que esta tenga una relación con su padre y por ende la niña pase a ser su media hermana y después se transforme en su amante. Hasta que ambos amantes estén en una misma plaza sentados en unos cafés dándose las espalda y sin darse cuenta que está el otro a tres pasos suyos y así pode salvar la relación de ambos y sus vidas, finalmente no se encuentran. Y como lo cuenta, desde los diferentes puntos de vista, como el personaje del niño, como el personaje de la niña, como ambos como pareja, etc. mostrándonos esas circunstancias dos veces y con significados tan distintos para ambos personajes. Haciendo difuso los limites de lo cotidiano y ahí cargándolos de magia, que me es fácil relacionarla con el realismo mágico latinoamericano, y no de la forma evidente de mostrar a niños con colas de cerdo, o como en la película Magnolia, mostrar la caída de una lluvia de ranas, sino entendiendo la lógica, y desarrollándola en otro sentido y en otro contexto, dándole un toque mágico a las cosas simples que pueden hacer cambiar violentamente el curso de las cosas. Como el cine y literatura surrealista, donde nos hacen ver como las cosas cotidianas pueden ser absolutamente extrañas, perversas y perturbadoras, pero en este caso en un sentido diferente mostrarnos esas mismas cosas de una forma mágica y puntualizar en ellas como agente de cambio en la vida de los personajes.
Y en Lucia y el sexo, el hecho de que una historia oscura y trágica, aunque su fotografía nos sea oscura, sino todo lo contrario, en vuelta en el juego de luces reventadas y cielo blancos, donde los limites de los personajes se funden con ellos, sin dejarnos claro cuando comienza uno y termina el otro. Bueno esa historia donde el final iba a ser tan trágico como en Los Amantes del Círculo Polar, nos dice que esta es una historia con una ventaja que cuando está llegando a su final quien es protagonista de ella cae en un hoyo el cual nos lleva justo a la mitad de la historia, y la otra gran ventaja es que esa persona puede cambiar el curso de los acontecimientos. Como un libro que se está reconstruyendo constantemente. También en la historia poco a poco nos hace entrar en el confuso juego de cuando las cosas son partes de la historia de este escrito caído en la profunda crisis de ver como un perro a matado a su hija que venía recién conociéndola y que ella no sabía que era su padre, o lo que sería la supuesta realidad dentro de la película, cual Cortazar en su cuento "Noche Boca Arriba". Y de alguna forma mezclado con ese final que nos abre la ventana de que los personajes puedan reconstruir sus historias, de alguna u otra forma nos habla de la capacidad de los hombres de poder cambiar el curso de sus acontecimientos de vida. Pero para eso hay que creer en esa realidad mágica, y a esos sucesos que parecen ordinarios, comunes, cotidianos verlos de otra forma, sentir que detrás de uno de esos hechos, está de alguna forma impregnado de uno, y de que pueden ser determinantes.
Es lo antes dicho y de forma algo sencilla, lo que al sentarme frente a una proyección o a la lluvia constante de electrones, al ver los films de Julio Medem lo que me hace sentir que en él existe ese nexo entre sus obras, esa reflexión artística y esa propuesta. Es cierto que no me referí concretamente al tratamiento fotográfico, al ritmo de relato, las estructuras cinematográficas o la música (y banda sonora), reconociendo que cada película se puede analizar desde estas perspectivas, dentro de las lógicas del cine en habla castellana, Julio Medem se levanta como uno de los directores más influyentes en el ambiente cinematográficos, no solo por su consistencia expresiva, sino por su constante necesidad del riesgo, apostando a ciertas operaciones formales que le permitan acceder a nuevas formas expresivas, aunque debes en cuando no estén totalmente afianzadas en el contexto general de la obra. Es este riesgo y audacia creativa lo que genera diversos y complejos análisis de su obra.

viernes, febrero 24, 2006

Miradas y palabras (cuento)

El respirar agónico de imágenes confusas, el caos de versos relentizados por un parpadeo humano, ese reencuentro entre cuerpos distanciados por un rito indescifrable, o que quizás no he querido descifrar... Estrecho una mano, luego un abrazo extrañado, vuelvo a mi posición. Miradas confusas, palabras que no salen. Luego inclino mi torso hasta una cara y la beso en la mejilla, la saludo con la distancia de un encuentro no acordado, con una dudosa melancolía, con una lejana alegría. Miradas confusas, palabras que no salen. Uno de mis acompañantes saluda cordialmente a uno de ellos, antes de eso interrumpo su camino y vuelvo a inclinar levemente mi torso hasta llegar a otro rostro, lo beso, vuelvo a mi posición. Miradas que no salen, palabras confusas. Llega el último de mis acompañantes y respirando a otro ritmo, saluda y responde una pregunta. Confusas aquellas que no salen, miradas como palabras. Seis cuerpos tensados por el solo hecho de estar ahí, hecho mi cuerpo unos centímetros para atrás, dejando la responsabilidad de lo que acontezca a otro mercader. Miradas sin palabras.
Tácitamente se acuerda la separación, que cada uno vuelva a su río, a su historia, esa historia que ya no es mutua. Despedidas de cortesías, todos entramos al mismo espacio, pero asumiendo no volver a cometer el mismo error, de minutos antes, nada de topar miradas, ni acercar los cuerpos, unos acá y otros allá.
El pasar del día a la noche sentencia todo, la respiración vuelve a su cause y pareciese que la normalidad no fue afectada. Uno de mis acompañantes envueltos en la casualidad de la situación me comenta algunas cosas, mi cálido silencio le responde. Luego volvemos a nuestros programas, se aproxima la carrera, los caballos ya están camino al partidor, las apuestas ya están hechas, solo falta revisar los colores del caballo elegido. Todo el mundo expectante. Se da la señal de partida y mi mirada confusa no permite que las palabras salgan para alentar al caballo que se va quedando rezagado...

Mujer de Papel (cuento)

La gente pasa frente a su cuerpo y ella los mira muda. Se detienen, a veces le dan la espalda, en otras ocasiones la ven por unos segundos o más. Se ríen, la desean, la envidian, los ojos ajenos la acarician, otros solo mecen sus rostros. Intentan tocarla, no lo hacen, quizás porque los miran, todos miran, mientras ella los observa en silencio, estática. Solo haciendo su trabajo. Postrada en esa sonrisa eterna espera que se marchen en el próximo tren,en cualquiera de los vagones, lo mismo da. Ella distanciada por el cristal se siente segura y solo se preocupa de no descomponer el cartel publicitario que la contiene.

Tarde de Gitanas (cuento)

¿Caíste?, le preguntaron sus amigos que lo observaban con una delicadeza infinita, él los atisbó con desgano, no supo que responder, avergonzado, tal vez incrédulo, impotente. ¿De nuevo te engañaron las gitanas? insistieron, volvió a posar sus pequeños ojos en sus rostros, no habían palabras, las muecas de sus rostros impedían cualquier expresión verbal de su parte, uno se sentó a su lado y apoyó su mano sobre su espalda, ésta fue como un peso inconmensurable, sus hombros resintieron el gesto, sus manos se apoyaron en las blancas maderas de la banca en que estaba sentado, el otro fumaba distraído a causa de unas chicas que estaban detrás de ellos a lo lejos, jugaban con hojas secas de árboles secos, de vez en cuando los miraba y tiraba el humo por sobre sus cabezas, el chico con sus manos sudorosas se aferraba a la banca, no quería hablar, respetaron su silencio o así parecía, su amigo en la banca detenía su atención en un punto en el suelo de adoquines. Una hormiga empezó a subir por su pierna, logró ingresar tan profundo, que con una de sus manos aniquiló a la intrusa, con esto su amigo le sacó la mano de la espalda y le preguntó ¿qué se habían llevado esta vez?. El chico atendió a su mochila lánguida y liviana, saco un cigarrillo y se lo ofreció a su amigo, quizás para que se callara, le ofreció fuego y éste empezó a fumar aunque no lo hacía muy a menudo, tal vez lo hizo por eso mismo, luego dejó la cajetilla en la mochila y observó fijamente a su compañero de banca y le contestó... ¿qué crees?.
La sorpresa e incomodidad asaltaron su cuerpo, no supo como reaccionar, se paró y le dijo algo al otro chico, que ya no atendía a las chicas, su boca estaba semi abierta, el aire entraba por ella sin que él hiciese nada, su cigarro caía lentamente y se azotaba contra el suelo, sus piernas empezaron a temblar, la tierra bajo sus pies se resintió, el otro intentaba pensar con sus manos, éstas agitaban mucho viento a su alrededor, pasó un grupo de microbuses cerca de ellos generando un ruido ensordecedor, fueron cubiertos y se sintieron protegidos de cierta forma, luego un silencio abrumador sentenció el momento e hizo que ambos chicos lo observaran por una última vez, él no pudo enfrentarlos a los ojos, solo se detuvo en la difusa imagen de sus zapatillas.
Empezaron a caminar, dejaron solo al chico, con su lánguida mochila, silentes a travesaron el desorden de hojas que las chicas habían dejado, la tarde se hacía en la ciudad, el chico solitario dejó caer una última lágrima de vida, sus amigos prometieron nunca más hablar del tema mientras se unían a una masa de personas que entraban al metro y nunca más lo volvieron a ver. Pasado unos segundos en la banca solo quedaba el recuerdo de las manos apoyadas y la lágrima que no dejó de humedecer cada tarde la tierra que había pisado su dueño en aquella tarde de gitanas.

Nº1 (triquinosis)

Caídos, templados, forjados, disueltos, alegres, tristes, silente, parlantes,poema. Palabras que no existen ya a mi alrededor, como tantas otras, como todo, terribles voces no existen, alegres voces, nada, vacío, materia que no se disuelve, ni oídos que los acompañen, feligreses, anonadados, muertos, filibusteros, nada que escribir, tal vez solo eso, tal vez solo esto.Por qué empluman sus pezuñas, sus dedos retorcidos, sus uñas roídas, por qué posan sus yemas color carne putrefacta, sobre las teclas, sobre el papel, sobre el aire. Cada vez que posan para escribir en nombre de alguien, sus intestinos hierven de ira, ¿y no los escuchan? Por qué escribir, por qué si la poesía ha muerto, ha muerto con esto, ha muerto con mis palabras y las de tantos otros, con mis pesares, con el poeta que ya no es poeta, con la esclava que sigue siéndolo.Hay que buscar algo nuevo para esa, máquina que siente, bestia que razona, para ese humano en código binario. Por qué leen, lo que ya está muerto.

Una pareja de compras en el Paseo Ahumada (cuento)

Y tú apoyada en el cartel de fondo negro, con la mirada encontrada en unos adoquines, con la cara perdida entre la multitud, que dos minutos atrás te reías del color de mi ropa y que ahora me reclamas porque con una frase asesine tu risa, no te entiendo. Dónde está el problema, por qué esa cara. Mejor caminemos entre la multitud, tal vez nos olvidemos de esto.
Y tú con tu andar sosegado, con tu ropa chillona, no podrías haber elegido algo mejor. No tenías para que ensordecer mi habla, mi risa era ligera, era un secreto entre mis labios y mis cuerdas vocales, confidencia a la que no tenías porque acceder. Desde cuándo tus palabras desean asesinar mis gestos, ¿no será tu mano la que se quiera posar sobre mí?, estrangular mi piel y no dejarla respirar. Mejor sigo apoyada en el cartel de fondo negro, que la multitud me envuelva y quizás me olvide de todo esto.
Acaso crees que mi mano se volverá asesina si tomo la tuya para seguir caminando.
Acaso crees que mi mano detenida tendrá tal poder sobre la tuya.
No lo sé, mejor olvidemosnos de todo esto.
Mejor que así sea.