Con anterioridad había respondido, pero no fue escuchado, en un devenir cotidiano se deshizo de una serie de estafetas que tenía alrededor, balazos limpios en los corazones, dos pasos al frente y quedó a tiro de cañón, alzó su humeante metal, una serie de luces rojas en el pecho, en su piel negra de algodón y lycra, apretó el gatillo, sonó fuerte y duro. Todas las lucecitas se transformaron en orificios rojos, tan profundos como lo fue el que en la frente desplomó al jefe de la masa armada. You win.
martes, abril 04, 2006
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