La distancia, sólo fue un inequívoco signo, un espacio al cual ninguno de los dos se atrevió a traspasar, sus cuerpos estaban tan lejos como también su cotidianidad. El odio, la rabia, la tristeza tan sólo nacían por ella, se repetían una y otra vez, estaban ausentes e idos, no importaba las sonrisas prometidas y los deseos que se habían consumados, el brillar de ojos y las risas acumuladas en el pasado. Había aparecido el inexorable actuar del espacio, esta vez no era el tiempo ni su condena, a veces llegaron a pensar que podía ser su solución, su salvación, que el tiempo afectara las condiciones y generara las posibilidades, pero la distancia irreductible, la que no avanzaba ni cambiaría ninguna condición, estaba ahí. Ambos acostados en su cama, a tan sólo tres espasmos de distancia, a pequeños centímetros, se encontraban absolutamente separados. La distancia ya estaba ahí.
lunes, mayo 22, 2006
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1 comentario:
y... esperando nuevas lecturas me encuentro
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